
Ya bañadito íbamos a la cama, y como siempre antes de nada, buscamos a papá para darle el beso de buenas noches.
Después de despedirse de el, me da la mano para hacer el viaje de la cocina a su habitación juntos, se gira hacia su padre, y con un dedo acusatorio y amenazador lo señala y le dice:
_Oye, no toques a mi marida, yo nunca pierdo.
(Eso es amor, ¡qué narices!!)